lunes, 27 mayo 2024
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    ¿Qué diferencias hay entre los productos financieros no complejos y los complejos?

    Unas semanas atrás la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV) publicó una guía de comunicación sobre la comercialización de instrumentos financieros complejos a minoristas.

    Se trata de un documento que detalla las buenas prácticas que deben seguir los empleados de banca para ayudar a inversores no profesionales a la hora de comercializar instrumentos financieros complejos.

    Y es que en el sector bancario y financiero existen un conjunto de productos muy variados. Por una parte encontramos los bancarios, como las cuentas corrientes o los depósitos. En cambio, por otro lado, hay los bonos u obligaciones, que son productos de inversión.

    Éstos últimos, los relacionados con la inversión, se dividen en dos grupos: no complejos y complejos. Productos como acciones, instrumentos del mercado monetario, bonos y otras formas de deuda titulizada, así como distintos fondos de inversión colectiva.

    Los productos no complejos

    Para que los productos de inversión sean catalogados como no complejos, tal y como define la CNMV, tienen que cumplir las cuatro características siguientes:

    • Se pueden reembolsar de forma frecuente a precios conocidos por el público. Prácticamente siempre es fácil conocer su valor en cualquier momento y hacerlo efectivo.
    • El inversor no puede perder un importe superior a su coste de adquisición. O lo que es lo mismo, nunca perderá lo invertido inicialmente.
    • Existe información pública, completa y comprensible para el inversor sobre las características del producto.
    • Y, por último, no se trata de productos derivados. Es decir, no se basan en el precio de otro activo.

    Cuando hablamos de acciones cotizadas en mercados regulados, Letras del Tesoro, bonos y obligaciones del Estado, pagarés, u otros bonos y obligaciones simples emitidas por administraciones públicas estamos hablando de productos no complejos.

    Cabe mencionar que las cuentas corrientes, las de ahorro, los depósitos a la vista, los cheques o los préstamos, no hay que confundirlos con los productos no complejos. Son productos bancarios.

    Los productos complejos

    En cuanto a los productos complejos son los que no cumplen con alguna o ninguna de las cuatro características anteriores. Tal y como los define la CNMV: «pueden suponer mayor riesgo para el inversor; suelen tener menor liquidez, de hecho, en ocasiones no es posible conocer su valor en un momento determinado». En definitiva, es más difícil ver el riesgo que llevan asociado.

    Entre los complejos, los que más destacan son los derivados. Estos son unos productos financieros cuyo valor se basa en el precio de otro producto o activo. Los activos de los que dependen pueden ser muy diferentes. Desde acciones, índices bursátiles, valores de renta fija, tipos de interés o hasta materias primas, como el oro.

    Hay distintos productos derivados:

    • Los futuros se basan en un contrato que obliga a las partes a comprar o vender un número determinado de bienes o valores en una fecha determinada, y con un precio establecido de antemano. Estos contratos se negocian en lo que se llama el mercado de futuros.
    • Una opción financiera se parece a un futuro, la diferencia es que el contrato que se establece da a al comprador el derecho, pero no la obligación, de comprar o de vender bienes; también a un precio predeterminado y en una fecha concreta. La opción financiera también es similar a los warrants.
    • Estos dos también tienen similitudes con los contratos por turbowarrants. Se diferencian de los warrants cuando el precio del instrumento financiero alcanza el precio de barrera (un precio determinado). En ese momento, el comprador del turbowarrant pierde el derecho de comprar o vender el activo, y este pierde su valor.
    • Los swaps también son unos productos derivados. Consisten en un contrato en que las dos partes intercambian los beneficios de dos productos diferentes, cada uno propiedad del otro. Los swaps pueden estar referenciados a tipos de interés.

    También entrarían en la categoría de productos complejos los contratos por diferencias (CFD), fondos de inversión libre y colectivos, bonos, notas o cualquier producto estructurado que incluya derivados o apalancamiento.

    Maica López
    Maica López
    Periodista especializada en información financiera. En CrediMarket.com desde 2013. Antes he trabajado en Bankimia y 20 minutos, entre otros. Me encanta la novela negra, la música y bailar jazz.
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